Cuando surge una teoría, movimiento, escuela o enseñanza nuevo, ya sea en los ámbitos filosófico, social, científico o espiritual, es muy común que ocurra una época inicial de continuo movimiento y aportaciones espontáneas. En dicho proceso de crecimiento aparecen necesidades que se van solventando sobre la marcha sin mucho detenimiento. Cuando esto ocurre así, si continua, puede llegar el punto en que se convierta en algo caótico. Por tanto, es necesaria una revisión de las bases de dicho movimiento con el objetivo de poner orden y asentar todas las nuevas ideas que han ido surgiendo en la etapa inicial.
De esta manera, se preserva la función original y se recogen las nuevas aportaciones uniéndolas a los supuestos iniciales reconstruyendo de nuevo dicha teoría, escuela, o movimiento en un proceso de mejora continua. Esto se hace importante cuando hablamos de lo teórico y más importante se vuelve cuando se trata del ámbito práctico haciendo referencia a las diferentes técnicas basadas en la teoría previa.
Al comprometernos a ayudar a alguien mediante una terapia se adquiere la más alta responsabilidad, y por respeto al consultante quien se encomienda al terapeuta y por respeto del propio terapeuta hacia sí mismo, este tiene que tener las bases lo más sólidas y amplias posibles en los campos que afecten a las circunstancias que se encontrará normalmente, no siendo por tanto suficiente el tener la capacidad o la intención.
Un ejemplo que lo aclarará es el ajedrez. Hay quien tiene mayor capacidad de abstracción y le resulta más fácil, hay quien tiene más experiencia, hay quien tiene mejor golpe de vista… Debido a que el desempeño en este juego es cuantificable con bastante exactitud, estos jugadores podrán ser conscientes de su lugar en el ranking mundial, excepto que estén cegados por su ego. Y si algo queda claro a ojos de todo el mundo es que los mejores ajedrecistas a parte de tener cualidades son de los que más trabajan, más estudian, más se esfuerzan por analizar su trabajo y superar sus limitaciones, ayudándose incluso por jugadores de menor entidad pero que les son complementarios cuando no hay quienes sean mejores que ellos.
Esa capacidad de evaluación del nivel que existe en el ajedrez no existe en el mundo real en casi ningún campo, sin embargo sí podemos ser conscientes que el nivel de trabajo es directamente proporcional al resultado obtenido, por lo que el terapeuta consciente no dudará en buscar la mejor fuente posible, estudiar y seguir estudiando, evaluar y ser evaluado, y por supuesto también compartir para mayor beneficio de todos.
En este momento se hace importante aclarar que el leer y estudiar el material no capacita para poder aplicar las técnicas para terceros de una manera profesionalizada, sino que son necesarias ciertas pautas de conocimiento.
Es por ello, que esto es una apuesta seria y comprometida por formar adecuadamente en un futuro no muy lejano a aquellas personas aptas para llevarlas a cabo y poder dar el mejor servicio posible a los consultantes con las máximas garantías de fiabilidad y eficacia.
El aceptar hacer un tratamiento es un contrato que implica autenticidad, confiabilidad, profesionalidad, y resultados, y solo se pueden dar garantías razonables teniendo una base sólida.
GE.


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